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Dominancia estrogénica y deficiencia de progesterona: favoreciendo el equilibrio hormonal

MagnesioPremenopausiaVitamina B6Zyklus

Muchas mujeres conocen bien la sensación de tensión en los senos antes de la menstruación, los cambios de humor o la retención de líquidos; todo ello forma parte del ciclo normal. Sin embargo, cuando estas molestias son especialmente intensas, o si además se produce un aumento de peso inexplicable en la zona del abdomen y los muslos, suele hablarse de «dominancia estrogénica». Por lo general, esto no implica un exceso real de estrógenos, sino más bien una carencia de su contraparte: la progesterona.

En esta guía descubrirá cómo se origina este desequilibrio, qué papel desempeñan el hígado y el intestino en la degradación de las hormonas, y qué micronutrientes son fundamentales para el metabolismo hormonal.

¿Absoluta o relativa? ¿Qué significa realmente la dominancia estrogénica?

El término «dominancia estrogénica» no constituye un diagnóstico oficial. Proviene de la medicina funcional y complementaria, y describe un desequilibrio entre las dos principales hormonas sexuales femeninas: el estrógeno y la progesterona.

Se distinguen dos variantes:

En la dominancia estrogénica absoluta, existe realmente una cantidad de estrógeno en el organismo superior a la habitual; por ejemplo, cuando su degradación a través del hígado se ve alterada o cuando se aporta estrógeno adicional desde el exterior. Esta forma es poco frecuente.

Mucho más común es la dominancia estrogénica relativa: en este caso, la cantidad de estrógeno se mantiene dentro de los niveles normales, pero falta su contraparte, la progesterona. Sin esta hormona equilibradora, el estrógeno presente acaba predominando en términos relativos.

Durante el ciclo, ambas hormonas desempeñan funciones distintas: en la primera mitad del ciclo, el estrógeno desarrolla el revestimiento del útero (endometrio) y estimula el crecimiento celular. Tras la ovulación, el folículo vacío se transforma en el cuerpo lúteo, el cual produce una gran cantidad de progesterona.

La progesterona desempeña el papel opuesto durante la segunda mitad del ciclo: relaja la musculatura uterina y prepara el tejido para un posible embarazo.

A partir de mediados de la treintena, aumenta el número de ciclos sin ovulación; un fenómeno que se intensifica aún más durante la perimenopausia, la fase de transición hormonal que suele comenzar alrededor de los 40 años. Si no se produce la ovulación, no se forma el cuerpo lúteo y, por consiguiente, apenas se genera progesterona. Como resultado, el equilibrio entre ambas hormonas se desplaza a favor del estrógeno.

Síntomas de la dominancia estrogénica y la deficiencia de progesterona

Los síntomas de la dominancia estrogénica y de la deficiencia de progesterona son muy similares, ya que ambos describen el mismo desequilibrio. Las mujeres afectadas experimentan molestias muy variadas.

Entre los síntomas típicos se incluyen:

  • Sensación de tensión y dolor en los senos antes de la menstruación
  • Retención de líquidos, especialmente en las piernas y el abdomen
  • Cambios de humor, irritabilidad e inquietud interna
  • Sangrados irregulares o más abundantes, a veces acompañados de un dolor menstrual más intenso
  • Aumento de peso, a pesar de mantener la misma alimentación
  • Dolores de cabeza y trastornos del sueño durante la segunda mitad del ciclo

¿Cuándo es recomendable consultar a un médico?

Las hemorragias persistentemente irregulares o muy abundantes, la ausencia de menstruación durante varios meses, la dificultad para concebir o los cambios de humor que generan un gran malestar son motivos para buscar una evaluación médica.

Un examen ginecológico o endocrinológico puede determinar si existe realmente una deficiencia de progesterona o si la causa es otra afección, como un trastorno de la función tiroidea, PMOS (anteriormente conocido como SOP), endometriosis, miomas o un trastorno depresivo.

El hígado: órgano central para la degradación de hormonas

Para mantener el equilibrio de los niveles de estrógeno, el organismo debe degradar continuamente el exceso de estrógeno o aquel que ya ha cumplido su función. Esta tarea recae principalmente en el hígado, que lleva a cabo un proceso de dos etapas:

  • En la primera etapa, las enzimas propias del organismo modifican la estructura de las moléculas de estrógeno.
  • En la segunda etapa, estos productos intermedios se transforman mediante reacciones químicas, facilitando su eliminación por parte del cuerpo: ya sea a través de los riñones (en la orina) o mediante la bilis (en las heces).

Una de estas vías de reacción química es la denominada metilación: una enzima específica (catecol-O-metiltransferasa o COMT) añade un pequeño grupo químico al producto intermedio del estrógeno, haciéndolo así apto para su eliminación. Para este paso, la COMT requiere un componente llamado SAM (S-adenosilmetionina). A su vez, el SAM solo puede producirse en cantidades suficientes si el organismo dispone de un aporte adecuado de ciertas vitaminas del grupo B, las cuales actúan como cofactores.

Si el hígado se encuentra muy sobrecargado debido a otras funciones —como la degradación de alcohol y medicamentos, o la exposición a una elevada cantidad de sustancias ambientales con actividad hormonal—, es posible que disponga de menor capacidad para degradar el estrógeno. También se debate si el estrés crónico contribuye a este efecto. Como resultado, puede producirse una mayor acumulación de estrógeno en el organismo.

¿Qué son los xenoestrógenos y favorecen la dominancia estrogénica?

Los xenoestrógenos son compuestos presentes en el medio ambiente cuya estructura es similar a la del estrógeno producido por el propio organismo. Se encuentran, entre otros lugares, en sustancias plastificantes como el bisfenol A (BPA) —presente en envases de plástico—, en parabenos —utilizados en productos cosméticos—, en ciertos pesticidas y en el papel térmico de los recibos de compra.

En modelos celulares y animales, estas sustancias pueden unirse a los receptores de estrógeno y desencadenar señales de carácter hormonal. No obstante, aún no se ha determinado científicamente de forma concluyente si —y en qué medida— esto repercute en la aparición de síntomas específicos en los seres humanos. Aun así, organismos especializados, como la Endocrine Society, recomiendan por precaución reducir la exposición a estas sustancias.

Vitamina B6: cofactor en el metabolismo de hormonas y neurotransmisores

Entre las vitaminas del grupo B, necesarias para las reacciones de transformación química en el hígado, la vitamina B6 desempeña un papel especial: además de esta función, interviene directamente en el metabolismo de las hormonas y los neurotransmisores. En su forma activa, el piridoxal-5-fosfato, la vitamina B6 actúa como cofactor de numerosas enzimas en el metabolismo de las hormonas esteroideas, entre las que se incluyen el estrógeno y la progesterona. De este modo, contribuye a la regulación de la actividad hormonal.

Asimismo, la vitamina B6 es fundamental para el funcionamiento normal del sistema nervioso y lapsique: actúa como cofactor en la producción de neurotransmisores como la serotonina y el GABA (ácido gamma-aminobutírico) en el cerebro. Estas sustancias influyen en el estado de ánimo, la motivación y el sueño; aspectos que a menudo cobran relevancia en casos de deficiencia de progesterona.

Para que estos procesos se desarrollen correctamente a largo plazo, el organismo requiere un aporte suficiente de vitamina B6 a través de la alimentación. Entre las buenas fuentes de vitamina B6 se encuentran los garbanzos, las aves de corral, el salmón, las patatas y los plátanos.

Magnesio: cofactor en numerosos procesos metabólicos

Al igual que las vitaminas del grupo B, el magnesio actúa como cofactor de varios cientos de enzimas en el organismo, participando así en una gran cantidad de procesos metabólicos.

El magnesio contribuye al funcionamiento normal de los músculos y a una función psicológica adecuada. Como antagonista natural del calcio, regula la excitabilidad celular: en las células musculares, el calcio facilita la contracción, mientras que en las células nerviosas interviene en la transmisión de estímulos. Si hay un déficit de magnesio, predomina el efecto activador del calcio; este equilibrio es fundamental, ya que su alteración puede derivar en tensiones musculares y cambios de estado de ánimo, síntomas frecuentes en casos de dominancia estrogénica causada por una deficiencia de progesterona.

El magnesio también desempeña un papel importante en el hígado como cofactor. En este órgano, la enzima COMT transforma los productos intermedios de los estrógenos, facilitando su eliminación. Para llevar a cabo este proceso, la COMT requiere magnesio; sin él, la reacción química necesaria no puede producirse.

Entre las buenas fuentes dietéticas de magnesio se encuentran las semillas de calabaza, los frutos secos, las legumbres, los productos integrales y las verduras de hoja verde, como las espinacas.

Consejo de FormMed: Combinación de micronutrientes para el ciclo femenino

Meno-in-form® Prä ha sido desarrollado específicamente para la etapa previa a la menopausia —la premenopausia—, a partir de los 40 años aproximadamente. La vitamina B6 que contiene contribuye a la regulación de la actividad hormonal, por ejemplo, de la progesterona y el estrógeno.

El preparado se complementa con magnesio, así como con extractos de sauzgatillo, alquimila, milenrama, ashwagandha y ñame silvestre.

El intestino: la segunda etapa en la degradación del estrógeno

El estrógeno, una vez transformado en el hígado, llega al intestino a través de la bilis. Sin embargo, no todo el estrógeno abandona el cuerpo desde allí: algunas bacterias intestinales producen una enzima llamada beta-glucuronidasa. Esta enzima es capaz de descomponer los productos intermedios del estrógeno que habían sido «empaquetados» previamente en el hígado. Como resultado, el estrógeno vuelve a ser asimilable en el intestino y regresa al torrente sanguíneo; un proceso que se conoce como circulación enterohepática.

En principio, se trata de un mecanismo útil que evita la pérdida prematura de sustancias valiosas. No obstante, si los niveles de estrógeno ya están elevados, este proceso puede resultar contraproducente, ya que provoca que una mayor cantidad de estrógeno permanezca en el organismo.

En este contexto, la fibra alimentaria desempeña un papel fundamental: es un nutriente clave para la salud intestinal. Parte de la fibra se une a otras sustancias en el intestino, mientras que otra parte es fermentada por las bacterias intestinales; ambos procesos influyen en la actividad de las enzimas bacterianas. Actualmente, se está investigando si este fenómeno afecta a la circulación enterohepática del estrógeno y, en caso afirmativo, en qué medida.

La fibra se encuentra, por ejemplo, en los productos integrales, las legumbres y en verduras como el brócoli, la col rizada y las coles de Bruselas.

Como valor de referencia para una ingesta adecuada, se establecen al menos 30 gramos de fibra al día; la guía de FormMed sobre la fibra explica cómo alcanzar esta cantidad en el día a día.

Las verduras de la familia de las crucíferas aportan, además, sustancias vegetales secundarias como los glucosinolatos. En el organismo, estos dan lugar, entre otros compuestos, a derivados del indol; actualmente se investiga si estos influyen en la primera fase de la degradación de los estrógenos en el hígado.

Sauzgatillo: extracto vegetal en la investigación sobre el ciclo femenino

El extracto de sauzgatillo (*Vitex agnus-castus*) es objeto de investigación científica en relación con el ciclo femenino. Los investigadores estudian si los componentes de esta planta pueden influir en la secreción de prolactina, una hormona que interviene en la función del cuerpo lúteo y, por consiguiente, en la producción de progesterona durante la segunda fase del ciclo. También se investigan sus posibles efectos sobre la proporción entre estrógenos y progesterona.

Un metaanálisis de ensayos controlados aleatorizados reveló que el extracto de sauzgatillo mejora los síntomas premenstruales en comparación con un placebo. De los 21 estudios clínicos examinados inicialmente, tres ensayos aleatorizados y de doble ciego —que contaron con un total de 448 participantes— cumplieron los criterios de inclusión. Las mujeres que tomaron el extracto presentaron una probabilidad aproximadamente 2,5 veces mayor de experimentar una mejoría en sus síntomas que las mujeres del grupo que recibió el placebo.

Conclusión: Un enfoque integral de la dominancia estrogénica y la deficiencia de progesterona

Lo que en la medicina funcional se denomina «dominancia estrogénica» —que afecta a muchas mujeres a partir de los 35 años aproximadamente— se debe, en primer lugar, a una disminución de la progesterona provocada por ciclos sin ovulación. Por tanto, en la mayoría de los casos no se trata de un exceso de estrógeno, sino de una carencia de su contraparte.

El hígado y el intestino desempeñan un papel fundamental en la degradación y eliminación del estrógeno. Para los procesos bioquímicos que tienen lugar en el hígado, son esenciales ciertas vitaminas y minerales que actúan como cofactores. Además, la vitamina B6 contribuye a la regulación de la actividad hormonal, mientras que el magnesio favorece una función psicológica normal. En el intestino, la microbiota intestinal podría influir en si el estrógeno se elimina del organismo a través de las heces o si, por el contrario, se reabsorbe. Asimismo, los investigadores están estudiando el extracto de sauzgatillo (*Vitex agnus-castus*) en relación con la producción de progesterona.

Preguntas frecuentes sobre la dominancia estrogénica y la deficiencia de progesterona

¿Cómo puedo saber si tengo predominio de estrógenos?

Los signos típicos de un predominio de estrógenos incluyen sensación de tensión en los senos, retención de líquidos, cambios de humor, irritabilidad y un aumento de peso que se produce a pesar de mantener la misma alimentación.

Sin embargo, estas molestias también pueden tener otras causas. Por ello, ante síntomas persistentes o intensos, es recomendable consultar a un médico para determinar la causa exacta.

¿Cómo se manifiesta la deficiencia de progesterona?

La deficiencia de progesterona suele manifestarse a través de síntomas similares a los del síndrome premenstrual (SPM), tales como tensión mamaria, retención de líquidos, irritabilidad y agitación interna. Asimismo, una segunda fase del ciclo menstrual acortada y la presencia de sangrados leves antes de la menstruación se consideran posibles indicios.

Además, las mujeres suelen referir trastornos del sueño, ya que la progesterona, a través de sus metabolitos, ejerce también un efecto calmante sobre el sistema nervioso.

¿Cómo se siente uno ante una deficiencia de progesterona?

Muchas mujeres describen una sensación de inquietud interna, irritabilidad y un estado de ánimo alterado, a menudo acompañados de una sensación de tensión en el pecho y el abdomen, así como de dificultades para conciliar el sueño.

A diferencia del síndrome premenstrual (SPM) habitual, estas molestias suelen ser más intensas y prolongarse durante un periodo de tiempo más largo antes de la menstruación.

¿Cómo se diagnostica la dominancia estrogénica?

No existe un diagnóstico de laboratorio estandarizado para la «dominancia estrogénica», ya que no se trata de un diagnóstico oficial. Para evaluar el estado hormonal, los médicos suelen determinar los niveles de estrógeno y progesterona en el suero sanguíneo —generalmente en un día específico de la segunda mitad del ciclo—, dado que ambas hormonas fluctúan considerablemente a lo largo del ciclo.

Asimismo, a menudo se analizan los valores tiroideos, ya que los trastornos de la función tiroidea pueden provocar síntomas similares.

¿Es la dominancia de estrógenos un indicio de deficiencia de hierro?

No, no existe una relación directa demostrada científicamente. Sin embargo, ambos fenómenos pueden presentarse de forma conjunta: las menstruaciones muy abundantes —que pueden ocurrir en el contexto de un predominio relativo de estrógenos— aumentan la pérdida de hierro y, a largo plazo, pueden favorecer una deficiencia de hierro. Por ello, en caso de sangrados abundantes, resulta conveniente controlar los niveles de hierro.

¿Cómo puedo eliminar el predominio de estrógenos?

No existe una solución única para todos los casos. En primer lugar, es necesario determinar la causa subyacente mediante una evaluación médica; por ejemplo, una deficiencia real de progesterona u otro trastorno hormonal o ginecológico.

Como medidas generales, se sugieren el consumo moderado de alcohol, dormir lo suficiente, reducir el estrés, realizar ejercicio físico con regularidad, seguir una dieta rica en micronutrientes y fibra, y limitar la exposición a xenoestrógenos. Sin embargo, hasta la fecha no existen pruebas concluyentes de que la dominancia estrogénica pueda revertirse únicamente mediante estas medidas.

¿Qué vitamina falta en caso de deficiencia de progesterona?

La deficiencia de progesterona no se debe a la ausencia de una vitamina en particular. Sin embargo, en el contexto del metabolismo hormonal y las fluctuaciones del estado de ánimo asociadas, se suele destacar la vitamina B6, ya que actúa como cofactor en la regulación de la actividad hormonal y en la formación de mensajeros químicos que influyen en el estado de ánimo.

¿Puede ayudar la vitamina D en casos de dominancia de estrógenos?
Hasta la fecha, no se ha demostrado un efecto directo de la vitamina D sobre el predominio estrogénico. No obstante, la vitamina D se une a receptores cuya presencia también se ha constatado en los ovarios. Por ello, los investigadores están estudiando posibles vínculos entre los niveles de vitamina D y el equilibrio hormonal femenino. Dado que la deficiencia de vitamina D está muy extendida en Europa Central, resulta conveniente —independientemente de lo anterior— comprobar los niveles en sangre.

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