Reflujo silencioso y acidez estomacal: apoyar el equilibrio ácido-base
Tabla de Contenidos
- Reflujo silencioso o acidez estomacal: ¿cuál es la diferencia?
- El problema de los bloqueadores de ácido gástrico (IBP)
- Micronutrientes para el equilibrio ácido-base
- Manzanilla y melisa para el reflujo: lo que investigan los científicos
- Alimentación y estilo de vida: ¿Qué ayuda contra la acidez estomacal y el reflujo silencioso?
- Conclusión: Equilibrar el equilibrio ácido-base en casos de reflujo
- Preguntas frecuentes sobre el reflujo silencioso y la acidez estomacal
- Apoyo al equilibrio ácido-base
- Literatura
Una sensación constante de nudo en la garganta, ronquera matutina y la necesidad frecuente de aclararse la garganta, o bien una sensación de ardor detrás del esternón tras las comidas: el reflujo silencioso y la acidez estomacal se cuentan entre las molestias digestivas más frecuentes. Ambos trastornos se producen cuando el contenido gástrico entra en contacto con las mucosas, aunque presentan síntomas a menudo muy diferentes. En esta guía descubrirá en qué se diferencian ambos tipos de reflujo, por qué los inhibidores de ácido no son la mejor opción a largo plazo y cómo los minerales pueden contribuir al equilibrio ácido-base.
Reflujo silencioso o acidez estomacal: ¿cuál es la diferencia?
La acidez estomacal y el reflujo silencioso suelen mencionarse a menudo conjuntamente; sin embargo, difieren fundamentalmente en su origen, síntomas y enfoque de tratamiento.
Lo que ambos tienen en común es que se producen cuando el esfínter esofágico inferior no cierra correctamente y el contenido gástrico entra en contacto con las mucosas. La forma en que dicho contenido llega a esas zonas determina el tipo de síntomas que se manifiestan.
Acidez estomacal clásica: cuando el ácido irrita el esófago
En la acidez estomacal clásica —denominada médicamente enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE)—, el esfínter esofágico inferior falla: el ácido gástrico líquido asciende hacia el esófago e irrita su mucosa.
La consecuencia típica es una sensación de ardor detrás del esternón, que se intensifica especialmente después de comer, al inclinarse o al estar tumbado. También pueden aparecer síntomas asociados como regurgitación ácida, sensación de presión en la parte superior del abdomen y dificultad para tragar.
Si bien la mucosa esofágica cuenta con ciertos mecanismos de protección frente al contacto ocasional con el ácido, estos resultan insuficientes para prevenir la inflamación en casos de reflujo persistente.
Reflujo silencioso: cuando el ácido causa daño sin provocar ardor
En el caso del reflujo silencioso —denominado médicamente reflujo laringofaríngeo (RLF)—, ascienden finas microgotas que, además de ácido gástrico, contienen pepsina, una enzima digestiva.
Afectan a la faringe, la laringe y, en parte, a las vías respiratorias.Por lo general, el esófago no se ve afectado, por lo que no se produce el característico ardor. Debido a esto, a menudo el problema pasa desapercibido. Sin embargo, el reflujo silencioso es muy frecuente: afecta a cerca del 19 por ciento de los europeos.
La mucosa de la faringe y la laringe es mucho más sensible al ácido gástrico que la mucosa esofágica; carece de los mecanismos de protección que esta última utiliza para amortiguar el contacto ocasional con el ácido. Incluso cantidades mínimas de ácido irritan las mucosas. La pepsina llega a penetrar en las células y se activa en su interior, lo que provoca alteraciones celulares e irritación persistente.
Comparativa de síntomas: ¿cómo identificar el tipo de reflujo?
Los síntomas del reflujo silencioso y de la acidez estomacal son tan característicos que ofrecen las primeras pistas sobre el tipo de reflujo presente:
| Reflujo silencioso (LPR) | Acidez estomacal (ERGE) | |
| Síntoma principal | Ronquera, carraspeo, sensación de nudo en la garganta, tos seca | Sensación de ardor detrás del esternón, regurgitación ácida |
| Acidez estomacal | Poco frecuente o ausente | Frecuente; a veces acompañados de dolor torácico y molestias gástricas |
| ¿Cuándo se presentan los síntomas? | Principalmente durante el día y al estar de pie | Con frecuencia por la noche o al estar acostado |
Además, puede aparecer fatiga persistente con ambas formas de reflujo, ya que afectan a la calidad del sueño: en la acidez clásica, debido a la sensación de ardor; y en el reflujo silencioso, debido a la tos seca o a la necesidad de aclararse la garganta.
¿Cuándo acudir al médico por reflujo?
Se recomienda consultar a un médico ante la presencia de ronquera persistente, tos seca recurrente o una sensación constante de cuerpo extraño en la garganta, especialmente si los síntomas se prolongan más de cuatro semanas. Lo mismo se aplica en casos de acidez nocturna frecuente que interrumpa el sueño de forma habitual.
Si se prolongan en el tiempo, ambas formas de reflujo pueden provocar complicaciones, tales como alteraciones en las cuerdas vocales, sinusitis crónica, problemas en el oído medio y asma asociada al reflujo.
El problema de los bloqueadores de ácido gástrico (IBP)
Los bloqueadores de ácido gástrico —conocidos como IBP o inhibidores de la bomba de protones— se encuentran entre los tratamientos más utilizados para el reflujo. Estos inhiben la producción de ácido en el estómago y, con ello, alivian los síntomas; sin embargo, no solucionan la causa subyacente.
En casos de acidez estomacal clásica, esto suele bastar a corto plazo. No obstante, los inhibidores de la bomba de protones tienen limitaciones cuando se trata del reflujo silencioso. Además, su consumo prolongado conlleva riesgos para el aporte de nutrientes.
¿Por qué son menos eficaces los inhibidores de la bomba de protones en el reflujo silencioso?
En el reflujo silencioso, además del ácido, desempeña un papel fundamental la pepsina, una enzima digestiva. Aunque los inhibidores de la bomba de protones reducen la producción de ácido y dejan la enzima inactiva, esta puede reactivarse en cualquier momento debido a otros ácidos, incluidos los procedentes de la alimentación o de bebidas como los zumos de frutas.
Si la pepsina ya ha sido absorbida por las células de la mucosa, los inhibidores de la bomba de protones (IBP) ya no sirven de ayuda: la enzima se reactiva en los compartimentos ácidos de la célula (lisosomas), lo que altera el metabolismo de las células de la mucosa e irrita esta última de forma persistente.
Consumo prolongado de IBP: consecuencias para el aporte de nutrientes y el intestino
Aunque los inhibidores de la bomba de protones actúan con rapidez, no constituyen una solución óptima a largo plazo, ya que el ácido gástrico cumple funciones importantes: activa las enzimas digestivas, contribuye a la descomposición de los alimentos y protege el tracto gastrointestinal frente a gérmenes patógenos.
Si su producción se inhibe de forma prolongada, estas funciones se pierden, lo que puede acarrear consecuencias para el aporte de nutrientes y la salud intestinal.
En el caso del consumo prolongado de IBP, se han observado los siguientes riesgos:
- Deficiencia de magnesio: los IBP inhiben la absorción de magnesio en el intestino; con un consumo prolongado, los niveles de magnesio pueden descender considerablemente.
- Deficiencia de vitamina B12: el ácido gástrico es necesario para la absorción de la vitamina B12; su ausencia prolongada afecta al aporte de esta vitamina.
- Deficiencia de calcio: el ácido gástrico también es necesario para la absorción de calcio; su ausencia prolongada puede reducir el aporte de calcio.
- Mayor riesgo de infección: el ácido gástrico protege el tracto digestivo frente a patógenos; sin suficiente acidez, los gérmenes patógenos pueden colonizarlo con mayor facilidad. Esto provoca a veces infecciones intestinales con síntomas como diarrea.
- Alteraciones de la mucosa intestinal: en casos poco frecuentes, se han observado cambios inflamatorios en la mucosa tras un uso prolongado.
Por tanto, los inhibidores de la bomba de protones (IBP) no son medicamentos que deban tomarse de forma continuada sin una reflexión previa. Quien sufra molestias persistentes debería abordar las causas; un aporte adecuado de minerales alcalinos puede ser uno de los diversos factores que contribuyan a ello.
Es importante saber que, al dejar de tomar IBP tras un uso prolongado, conviene hacerlo de forma gradual, ya que la producción de ácido puede aumentar temporalmente por encima de los niveles previos al inicio del tratamiento (efecto rebote).
Micronutrientes para el equilibrio ácido-base
El organismo regula su equilibrio ácido-base mediante varios sistemas simultáneos: los pulmones, los riñones y las moléculas amortiguadoras (buffers) de la sangre colaboran estrechamente en este proceso. Ciertos micronutrientes desempeñan un papel directo en estos mecanismos al formar parte de enzimas y de los sistemas amortiguadores propios del cuerpo.
Una alimentación rica en alimentos acidificantes y el estrés prolongado pueden sobrecargar estos sistemas, aumentando así la necesidad de un aporte específico de minerales.
Zinc: cofactor en el metabolismo ácido-base
El zinc contribuye a un metabolismo ácido-base normal de una manera muy concreta: actúa como cofactor y es un componente esencial de las anhidrasas carbónicas, un grupo de enzimas que intervienen en la regulación de la acidez. Estas enzimas están activas en todo el organismo: en los glóbulos rojos, en los riñones y en la mucosa gástrica.
Las anhidrasas carbónicas transforman el dióxido de carbono en bicarbonato, la principal molécula amortiguadora del cuerpo. El bicarbonato neutraliza el exceso de ácido y mantiene así estable el pH. En la mucosa gástrica, el bicarbonato protege de forma natural la sensible pared del estómago frente a su propio ácido clorhídrico.
En los pulmones, las anhidrasas carbónicas facilitan que el bicarbonato, junto con el ácido neutralizado, pueda eliminarse mediante la exhalación en forma de dióxido de carbono (CO₂) y agua.
Es entonces cuando el cuerpo elimina el ácido.Magnesio y calcio: formas de compuestos alcalinos como amortiguadores de ácidos
En forma de carbonatos y citratos, estos minerales actúan de manera alcalina en el organismo y pueden neutralizar químicamente los ácidos.
Los carbonatos reaccionan con el ácido clorhídrico en el estómago, neutralizándolo de inmediato; estas formas de compuestos son especialmente adecuadas para situaciones de acidez elevada y aguda. Por su parte, los citratos se transforman en bicarbonato durante el metabolismo, contribuyendo así a amortiguar la acidez.
Manzanilla y melisa para el reflujo: lo que investigan los científicos
Además de los minerales alcalinos, ciertos extractos vegetales se utilizan tradicionalmente para tratar molestias en el estómago, el esófago y la garganta.
La manzanilla (*Matricaria chamomilla*) es una de las plantas medicinales más estudiadas en relación con los trastornos gastrointestinales. Los científicos investigan si el extracto de manzanilla puede influir en las reacciones inflamatorias de la mucosa y aliviar el dolor.
En cuanto a la melisa (*Melissa officinalis*), se investigan, entre otros aspectos, sus posibles efectos sobre la mucosa gástrica irritada. Resulta especialmente relevante su relación con el estrés: la tensión persistente aumenta la producción de ácido gástrico a través del sistema nervioso vegetativo y puede favorecer el riesgo de reflujo; actualmente se está estudiando si el extracto de melisa puede influir en este proceso.
Alimentación y estilo de vida: ¿Qué ayuda contra la acidez estomacal y el reflujo silencioso?
Además de un aporte específico de micronutrientes, los hábitos cotidianos y alimentarios desempeñan un papel importante en el tratamiento de la acidez estomacal y el reflujo silencioso.
Alimentación
Los alimentos y bebidas que estimulan la producción de ácido —como los cítricos, las comidas muy condimentadas, las bebidas carbonatadas y los zumos de frutas ácidos— pueden favorecer la aparición de molestias. Por el contrario, una dieta rica en fibra y baja en grasas, azúcares y alimentos altamente procesados se considera bien tolerada.
Hábitos alimentarios
Comer despacio reduce la cantidad de aire que llega al estómago al tragar. El aire, a su vez, aumenta la presión sobre el esfínter y favorece el reflujo. Masticar chicle entre comidas estimula la producción de saliva: la saliva contiene bicarbonato, una sustancia amortiguadora natural. El chicle sin azúcar es la opción ideal. Asimismo, realizar comidas más pequeñas pero más frecuentes alivia la carga del estómago y reduce la presión sobre el esfínter esofágico.
Estimulantes y estrés
El café, el alcohol y el chocolate estimulan la producción de ácido. La nicotina debilita el esfínter esofágico y se considera un factor desencadenante conocido de los síntomas de reflujo. El estrés crónico también influye en la producción de ácido: la hormona del estrés, el cortisol, estimula la producción de ácido gástrico y puede afectar a la capa mucosa protectora del estómago.
La guía sobre el cortisol explica cómo afectan al organismo los niveles elevados de esta hormona y qué medidas se pueden tomar al respecto.Postura corporal y sueño
Si se presentan molestias al estar tumbado, se recomienda permanecer erguido durante al menos 30 minutos después de comer y realizar la última comida importante dos horas antes de acostarse. En caso de acidez nocturna, puede resultar útil elevar la parte superior del cuerpo. Por el contrario, con el reflujo silencioso las molestias suelen aparecer al estar de pie; en este caso, puede ser beneficioso descansar brevemente tumbado tras la comida principal.
Actividad física
La actividad física regular puede influir positivamente en la digestión, el peso corporal y los niveles de estrés, factores todos ellos que condicionan los síntomas del reflujo. Además, el ejercicio favorece la eliminación de ácido a través de los pulmones en forma de dióxido de carbono.
Sin embargo, los deportes que aumentan considerablemente la presión abdominal —como el levantamiento de pesas o los ejercicios abdominales intensos— pueden favorecer el reflujo.
Conclusión: Equilibrar el equilibrio ácido-base en casos de reflujo
El reflujo silencioso y la acidez estomacal rara vez se deben a una única causa; por ello, una mejora a largo plazo requiere abordar varios aspectos. Una alimentación equilibrada y rica en alimentos de origen vegetal, unos hábitos cotidianos adecuados y una gestión consciente del estrés constituyen la base. Los compuestos minerales alcalinizantes, como los carbonatos y los citratos, pueden reforzar la capacidad amortiguadora del organismo, mientras que el zinc contribuye a un metabolismo ácido-base normal. La manzanilla y la melisa se utilizan tradicionalmente para tratar molestias en las mucosas y son objeto de investigaciones actuales.
Preguntas frecuentes sobre el reflujo silencioso y la acidez estomacal
El reflujo silencioso suele manifestarse sin el clásico ardor detrás del esternón.
En su lugar, los afectados describen una sensación de cuerpo extraño en la garganta (como si algo estuviera atascado), la necesidad constante de aclararse la garganta, ronquera —especialmente por la mañana— y sensación de mucosidad en la faringe.
La tos irritativa y la secreción o congestión nasal sin resfriado también pueden ser indicios de reflujo silencioso.
Los síntomas típicos del reflujo silencioso son menos evidentes que los de la acidez estomacal: carraspeo crónico, sensación de nudo en la garganta, ronquera al despertar, tos irritativa y congestión o secreción nasal son molestias frecuentes.
Dado que no se presenta acidez estomacal, el reflujo silencioso suele confundirse con un resfriado o una alergia.
El reflujo silencioso puede mejorar mediante ajustes en la alimentación y cambios en los hábitos; sin embargo, no todos los pacientes logran una desaparición total de los síntomas. El objetivo es conseguir una reducción perceptible y duradera de las molestias.
Los alimentos y bebidas que favorecen la acidez —como el café, el alcohol, los zumos de frutas, los cítricos y las comidas ricas en grasas— pueden agravar los síntomas y conviene reducirlos. Realizar comidas más pequeñas y frecuentes ayuda a aliviar la carga sobre el estómago. Como bebida, el agua mineral sin gas y las infusiones de hierbas son más recomendables que las bebidas carbonatadas.
Los inhibidores de la bomba de protones pueden aliviar los síntomas agudos a corto plazo, pero no corrigen la causa subyacente. Como complemento, un aporte específico de compuestos minerales alcalinos y zinc puede ayudar a equilibrar el balance ácido-base.
En la mayoría de los casos, el reflujo silencioso no desaparece por sí solo de forma permanente; al igual que la acidez estomacal clásica, tiende a cronificarse.
A menudo se perciben las primeras mejoras tras unas semanas de cambios en la alimentación y los hábitos, mientras que una reducción significativa de los síntomas suele producirse después de dos o tres meses aplicando estas medidas de forma constante.
La rapidez y la intensidad con la que remiten los síntomas dependen de los factores desencadenantes individuales.
Sí, el estrés se considera un factor influyente clave en la acidez estomacal y el reflujo silencioso.
El cortisol —que se libera en mayor cantidad durante el estrés prolongado— estimula la producción de ácido gástrico y puede afectar a la capa protectora de la mucosa estomacal. Además, el estrés influye en la tensión muscular del tracto digestivo y puede debilitar el esfínter esofágico.
Las técnicas de relajación, como el yoga, los ejercicios de respiración o la meditación, podrían ayudar a reducir la acidez estomacal.
Durante la menopausia, los niveles de estrógeno disminuyen, lo que también afecta al aparato digestivo. El estrógeno influye en la motilidad del tracto digestivo y en el tono del esfínter esofágico inferior. Cuando los niveles de estrógeno bajan, este músculo deja de cerrarse con la misma eficacia, facilitando así el reflujo del ácido gástrico.
A esto se suma que los síntomas típicos de la menopausia, como los sofocos y los trastornos del sueño, aumentan el estrés y, en consecuencia, pueden estimular aún más la producción de ácido gástrico.
Las comidas ligeras, el agua sin gas y las infusiones de hierbas —como la manzanilla o la melisa— pueden aliviar el estómago en caso de molestias agudas. Los compuestos minerales alcalinos neutralizan de inmediato el exceso de ácido gástrico. Aplicar una bolsa de agua caliente sobre el abdomen puede resultar beneficioso para aliviar los espasmos.
Los alimentos picantes, el café, el alcohol y las comidas ricas en grasas irritan aún más el estómago y deben evitarse cuando se presentan molestias agudas. Dado que el estrés aumenta la producción de ácido gástrico, la relajación también puede contribuir a calmar el malestar.
En caso de acidez estomacal aguda, los antiácidos de venta libre —preparados a base de carbonato de calcio o de magnesio— neutralizan el exceso de ácido gástrico en cuestión de minutos. Los inhibidores de la bomba de protones actúan más lentamente y son más adecuados para el tratamiento a corto plazo de molestias recurrentes.
Los remedios caseros, como un vaso de agua sin gas, una infusión de hierbas sin azúcar o un puñado de almendras, pueden ayudar a diluir y neutralizar el ácido del estómago. Mantener una postura erguida evita que el ácido siga ascendiendo hacia el esófago.
Si las molestias son frecuentes y recurrentes, conviene consultar a un médico.
La leche puede tener un efecto refrescante y amortiguador a corto plazo. Sin embargo, dado que contiene grasa y proteínas, estimula la producción de ácido gástrico, por lo que las molestias pueden intensificarse posteriormente.
El agua sin gas o la infusión de manzanilla suelen ser mejores opciones en la mayoría de los casos.
El carbonato de magnesio reacciona con el ácido clorhídrico en el estómago, neutralizándolo de inmediato. Es especialmente adecuado para una toma puntual.
El citrato de magnesio es un compuesto orgánico con una buena biodisponibilidad que se absorbe rápidamente en el tracto digestivo. Es adecuado para un consumo a largo plazo.
En caso de reflujo nocturno, se recomienda dormir sobre el lado izquierdo y mantener la parte superior del cuerpo ligeramente elevada, unos ocho a diez centímetros. Esto tiene una explicación anatómica: al dormir sobre el lado izquierdo, la entrada del estómago queda situada por encima del resto del contenido gástrico.
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Literatura
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