Fortalecer las mitocondrias: alimentación, micronutrientes y ejercicio para tener más energía
Tabla de Contenidos
- ¿Qué son las mitocondrias?
- Función mitocondrial: obtención de energía mediante la respiración celular
- Mitocondrias y su relación con el cansancio, el envejecimiento y las enfermedades
- ¿Cómo se pueden fortalecer las mitocondrias?
- Micronutrientes para las mitocondrias: vitaminas, hierro, magnesio, Q10 y más
- Conclusión: fortalecer las mitocondrias para más energía en el día a día
- Preparados FormMed adecuados
- Literatura
Las mitocondrias son diminutas y, sin embargo, indispensables: como las “centrales energéticas de las células”, proporcionan la energía que nuestro cuerpo necesita para todas sus funciones, desde los latidos del corazón y el movimiento muscular hasta la concentración y el rendimiento cognitivo. Pero ¿qué son exactamente las mitocondrias, cómo funciona la respiración celular y cómo se pueden fortalecer las mitocondrias?
En esta guía descubrirá por qué las centrales celulares son tan importantes para la vitalidad y el rendimiento, cómo influyen la alimentación, el ejercicio y el estilo de vida en la función mitocondrial y qué complementos alimenticios pueden desempeñar un papel.
¿Qué son las mitocondrias?
Las mitocondrias son orgánulos celulares pequeños pero vitales que se encuentran en casi todas las células del cuerpo. Su función principal es producir energía en forma de adenosín trifosfato (ATP), el portador de energía universal del organismo. Por ello, las mitocondrias también se conocen como las «centrales energéticas de las células».
Se encuentran especialmente en gran número en órganos con una alta demanda energética, como los músculos, el sistema nervioso, el corazón y el hígado. Cada célula puede contener desde cientos hasta miles de estas diminutas centrales, dependiendo de cuánta energía necesite producir.
Función mitocondrial: obtención de energía mediante la respiración celular
La función central de las mitocondrias es la producción de energía. El ATP, la molécula energética, proporciona energía para casi todos los procesos vitales: desde la contracción muscular y la transmisión de señales en las neuronas hasta la formación de nuevas moléculas. Dado que el ATP solo puede almacenarse en cantidades limitadas, las mitocondrias deben producirlo constantemente. Esto ocurre durante la respiración celular, que consta de varias etapas:
- Glucólisis: La glucosa se descompone en el citoplasma en moléculas más pequeñas, produciendo ya una pequeña cantidad de energía.
- Descarboxilación oxidativa: Las moléculas se transforman de manera que las mitocondrias puedan utilizarlas en los siguientes pasos.
- Ciclo del citrato (o ciclo de Krebs): En las mitocondrias, los nutrientes se degradan aún más y se forman importantes intermediarios para la producción de energía.
- Cadena respiratoria: Aquí se produce la mayor parte del ATP. Para ello, los electrones generan un flujo de energía que permite la síntesis del ATP.
Además, las mitocondrias cumplen otras funciones: participan en la muerte celular programada (apoptosis), así como en el crecimiento y la comunicación celular. Por ello, las mitocondrias no solo son esenciales para la producción de energía, sino también para la protección y renovación de las células.
Mitocondrias y su relación con el cansancio, el envejecimiento y las enfermedades
Cuando la función mitocondrial está alterada, esto suele manifestarse primero en forma de cansancio y agotamiento. El organismo no puede producir suficiente ATP y las reservas de energía se agotan más rápidamente.
Con el aumento de la edad, la capacidad de las mitocondrias disminuye de forma natural. Más información sobre la relación entre mitocondrias y envejecimiento encontrará en nuestra guía sobre longevidad.
Además, las mitocondrias pueden verse afectadas por trastornos de salud y factores ambientales, ya que reaccionan de forma muy sensible al estrés y a las sustancias nocivas. Las enfermedades mitocondriales se denominan citopatías mitocondriales o mitocondriopatías. A menudo surgen por defectos genéticos y afectan principalmente a órganos con una alta demanda energética, como músculos, cerebro y corazón. Algunos ejemplos de enfermedades mitocondriales son la enfermedad de Leigh (un trastorno metabólico poco frecuente) y el síndrome MELAS (encefalomiopatía mitocondrial).
¿Cómo se pueden fortalecer las mitocondrias?
Quien desee fortalecer sus mitocondrias puede actuar en varios aspectos: alimentación, actividad física, estilo de vida y un aporte específico de micronutrientes. El objetivo es apoyar la producción de energía en las células de la mejor manera posible y proteger a las mitocondrias frente a las cargas externas.
Actividad física regular y deporte
El ejercicio estimula la formación de nuevas mitocondrias. Se recomienda especialmente una combinación de entrenamiento de resistencia y fuerza, idealmente al aire libre, ya que también aporta el oxígeno necesario. Pero incluso actividades moderadas como los paseos o ejercicios en casa pueden fortalecer las mitocondrias. La regularidad es clave: incluso pequeños hábitos activos mantienen las mitocondrias funcionando.
- Paseos: Caminar a paso ligero durante 30 minutos al día estimula las mitocondrias, mejora la circulación y es una excelente opción para quienes aún no pueden practicar deportes intensos.
- Ejercicios sencillos en casa: Estiramientos suaves, yoga y entrenamientos breves sin equipamiento son ideales para mantener activas las mitocondrias en el día a día.
- Entrenamiento de resistencia como correr, nadar o montar en bicicleta: Esfuerzos prolongados y uniformes mejoran la resistencia y aumentan el número de mitocondrias en los músculos.
- Entrenamiento de fuerza para desarrollar músculo: Más masa muscular incrementa la demanda energética y estimula a las mitocondrias a trabajar de forma más eficiente.
- Entrenamiento por intervalos (HIIT): Este tipo de entrenamiento se considera especialmente eficaz para estimular la formación y el rendimiento de las mitocondrias, alternando fases cortas e intensas con periodos de descanso.
Estilo de vida saludable
El estilo de vida también influye significativamente en la función mitocondrial. Incluso pequeños cambios cotidianos pueden tener efectos notables.
- Suficiente descanso nocturno: Durante la noche se llevan a cabo importantes procesos de reparación y regeneración, también en las mitocondrias. Dormir entre 7 y 9 horas permite que las células recuperen energía y estén listas para el día siguiente.
- Reducción del estrés: El estrés crónico aumenta el estrés oxidativo y puede afectar la producción de energía en las mitocondrias. Las pausas regulares y técnicas de relajación como la meditación, el yoga o los ejercicios de respiración ayudan a calmar el sistema nervioso y aliviar las células.
- Evitar sustancias nocivas: Las mitocondrias reaccionan de manera sensible a toxinas y al estrés oxidativo. Evitar el tabaco, moderar el consumo de alcohol y reducir el contacto con contaminantes ambientales ayuda a protegerlas.
Alimentación equilibrada e ayuno intermitente
La base para unas mitocondrias fuertes es una alimentación equilibrada que aporte los nutrientes necesarios para el metabolismo energético y proteja a las células frente al estrés. Los alimentos frescos y mínimamente procesados son especialmente importantes.
- Verduras y frutas: Ricas en antioxidantes que protegen a las células del estrés oxidativo.
- Proteínas de calidad: Legumbres, frutos secos, pescado y huevos aportan aminoácidos esenciales para formar enzimas y estructuras celulares.
- Grasas saludables: Los ácidos grasos omega-3 EPA y DHA, procedentes de pescado o aceite de algas, son componentes importantes de las membranas y apoyan la función normal del corazón y del cerebro, dos órganos con alta demanda energética.
Un enfoque actualmente investigado es el ayuno intermitente. En este método, se alternan períodos de ingesta con fases de ayuno, como en el protocolo 16:8. Durante estas fases se activan procesos de reparación celular. Estudios sugieren que los periodos de ayuno pueden aliviar la carga sobre las mitocondrias y mejorar su eficiencia.
Ya sea mediante una alimentación equilibrada o mediante fases de ayuno, lo fundamental es que las mitocondrias reciban regularmente todos los nutrientes que necesitan.
Micronutrientes para las mitocondrias: vitaminas, hierro, magnesio, Q10 y más
Para que las mitocondrias puedan desempeñar sus funciones de forma óptima, necesitan no solo macronutrientes como hidratos de carbono y grasas, sino también micronutrientes procedentes de la alimentación. Los micronutrientes actúan como cofactores en el metabolismo energético y contribuyen a que los macronutrientes se conviertan eficientemente en energía. Un buen aporte de estos nutrientes favorece el rendimiento mitocondrial.
Vitaminas del grupo B
Las vitaminas del grupo B desempeñan un papel fundamental en el metabolismo energético y son indispensables para el funcionamiento de las mitocondrias. Participan, entre otras funciones, en la degradación de los hidratos de carbono y son componentes esenciales de la cadena respiratoria, el proceso mediante el cual se forma ATP en las mitocondrias.
Puede encontrar más información sobre cada vitamina del grupo B y sus funciones en nuestra guía sobre las vitaminas del grupo B y el metabolismo energético.
Hierro
El hierro es un oligoelemento esencial para el suministro de energía y para el transporte de oxígeno en la sangre. A través de la hemoglobina en los glóbulos rojos, el hierro une el oxígeno en los pulmones y lo transporta hacia los tejidos, donde se necesita para producir energía. Por ello, un buen aporte de hierro es decisivo para el correcto funcionamiento de las mitocondrias.
No obstante, tanto la deficiencia como el exceso de hierro pueden ser problemáticos; por ello, se recomienda comprobar los niveles de hierro en sangre.
Magnesio
El magnesio es un mineral implicado en más de 300 procesos enzimáticos del organismo. Contribuye a un metabolismo energético normal al actuar como cofactor de la enzima clave ATP-sintasa en las mitocondrias. Sin esta enzima, las mitocondrias no podrían producir energía.
Selenio
El selenio es un oligoelemento con propiedades antioxidantes: ayuda a proteger las células del estrés oxidativo. De este modo, apoya indirectamente a las mitocondrias, ya que estas son especialmente sensibles a los radicales libres durante la producción de energía.
Coenzima Q10
La coenzima Q10 es una sustancia producida por el propio organismo que se encuentra de forma natural en las mitocondrias. Desempeña un papel central en la cadena respiratoria y participa directamente en la formación de ATP. La producción endógena de Q10 disminuye con la edad, por lo que es importante un aporte suficiente a través de la alimentación.
L-Carnitina
La L-carnitina es otra sustancia producida por el organismo que permite el transporte de ácidos grasos de cadena larga hacia el interior de las mitocondrias, donde se utilizan para producir energía. El cuerpo puede sintetizar la carnitina a partir de los aminoácidos lisina y metionina, y también puede obtenerla a través de la alimentación, especialmente mediante la carne.
Conclusión: fortalecer las mitocondrias para más energía en el día a día
Las mitocondrias son las centrales energéticas de nuestras células: sin ellas, el metabolismo energético no funciona. Producen ATP, la molécula que cada célula necesita para desempeñar sus funciones. Con el paso de los años, el estrés continuo o hábitos de vida poco saludables, la función mitocondrial puede disminuir. El cansancio y la menor capacidad de rendimiento pueden ser las consecuencias.
Las mejores estrategias para fortalecer las mitocondrias son sencillas y fáciles de integrar en la vida diaria: actividad física regular, un estilo de vida saludable, una alimentación equilibrada y, cuando sea necesario, complementos nutricionales específicos para las mitocondrias. Entre los nutrientes más importantes destacan las vitaminas del grupo B, el magnesio, el hierro, el selenio, la coenzima Q10 y la L-carnitina.
Unas mitocondrias sanas proporcionan energía para el día a día y sientan las bases para un rendimiento duradero y una buena calidad de vida.
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Literatura
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